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Desorden en mi cabeza

.Conciertos, .música, .sociedad, Desorden Público, autor: Diego, los Fabulosos Cadillacs Comments (0)

Cuando mi señora esposa me recordó de que habíamos hecho un viaje el año pasado a Londres tan solo para ir a ver a Los Fabulosos Cadillacs, antaña banda de mi adolescencia y dulce juventud, no pude negarme a acompañarla anoche al concierto de Desorden Público en Berlín, grupo musical de ska y “algo más” que había acompañado el despertar juvenil allá en Venezuela de mi adorada mujer. Observamos el precio de las entradas y le propuse contactar al director de este blog antes de comprar los tickets. Yo especulaba con que el Sr. Dirk no conseguiría dos pases de prensa para nosotros en el corto lapso que tenía para hacerlo, por lo cual mi estimadísima compañera desistiría de desembolsar tanto dinero para ir a ver a una banda del pasado. Pero, como de costumbre, todo – o casi todo – salió muy diferente de lo que yo esperaba: El Sr. Dirk se reportó como buen alemán a las pocas horas para confirmarme por email y sms de que podíamos contar con ambos pases.

La primera impresión que tuve es de que Berlín no es Londres y de que el público tiene un espíritu muy diferente: Acá la gente es muy entregada a sus afectos de fanatismo musical. La comunidad jóven venezolana, los circulos skaeros de Berlín y algún que otro amante de la música latinoamericana de cualquier rubro, vestido con sombrero de paja, coparon el Lido. No pude ser ajeno a los buenos ánimos jolgoriosos que invadían el ambiente: Ebullía felicidad. Pensé de que todos menos yo lo sentían, pensé de que no entendía la situación. Me dejé llevar levemente por la corriente. Aunque por suerte tuve un aliado natural: Mi fiel compañero en la organización de un festival de Berlín en el que trabajamos juntos estaba ahí conmigo (¡Sr. Pachex como siempre presente en los momentos clave!). Con tan solo mirarnos, pudimos compartir pensamientos. El evento era bonito, pero algo nos aburría o resultaba demasiado previsible, anunciado, limitado, como decirlo…

Cuando el Sr. Dirk me invitó a participar del blog, me advirtió de que era importante concentrarse en los aspectos positivos de las experiencias a narrar. Y, agregó, de que deseaba, por otro lado, de que yo escribiese desde mí, desde mis pensamientos, sensaciones, desde mi persona y subjetividad más allá de ir por una visión tradicionalmente periodística. Es por eso de que durante todo el evento no pude salirme de mí mismo sino que me dediqué a darle rienda suelta a las diversas impresiones que se me iban alternando una detrás de otra.

Convengamos de que hasta el momento no he contado nada de la banda porque quizás ese no sea el objetivo. Mi gran pregunta es – era –  entender cómo se siente uno mismo después de tantos años de estar ligado a la música latina en Berlín, luego de haber concurrido a tantísimos conciertos, y, de, por ejemplo, haber ido anteriormente varias veces a ver a Desorden Público. Ya hemos rescatado el lado positivo: Reinaba la buena onda, el público estaba acaramelado por las sensaciones y bailó como si todo se tratase de revivir el primer amor. La banda tampoco transmitió la imagen avejentada y cansina que tuve de Los Fabulosos Cadillacs en Londres. Hasta el sonido fue mejor acá que en la isla británica.

Pasemos entonces al otro lado: Sentí de que el repertorio carecía de diversidad más allá del ska que ellos siempre interpretaron, mechado a veces de ritmos salseados. “Sorprendieron” con una cumbia, un ritmo que había (re)descubierto hace allá como unos 12 años atrás, y a mi parecer, además, ya ha saturado Berlín: En todas las fiesta de esta ciudad hace dos o tres años años no deja de sonar la cumbia – aquel ritmo que colocábamos en nuestras fiestas desde hace 10 a 12 años antes. Resumamos la idea: Me ví escuchando y presenciando ayer “más de los mismo”, con los mismos de siempre en el escenario, en el público y en la organización del evento, todo y todos igualitos solo que algo más viejos.

¿Será legítimo sentir de que es algo negativo cuando la gente  no “evoluciona”? Es evidente de que el que ha cambiado he sido yo, o hemos sido nosotros, el grupo de amigos que hemos hecho por años eventos musicales juntos. Considero de que lo que sí es válido es que exprese mi parcial aburrimiento al escuchar algo que me resulta demasiado reiterativo. Desorden Público ha sacado recientemente un nuevo album. Me ocuparé de conseguirlo y escucharlo. Así y todo, eso no quita de que ayer casi no noté la diferencia entre tema y tema, ni entre canciones de otra época o una obra compuesta recientemente. Conozco, eso sí, muchas de sus canciones de memoria. Y al escucharlos cantarlas sobre el escenario, me pregunté (nuevamente), qué es lo que sentiría cada uno de los músicos al estar interpretando una canción que ya han cantado desde hace 15 o 20 años infinidad de veces.

No pude dejar de sospechar de que el ser humano puede ser feliz o estar satisfecho en su vida con el automatismo, la costumbre y lo conocido. Y de que, a pesar de ser sociólogo, periodista, y dedicarme a entender a la gente en su conjunto desde hace décadas, sigo siendo el mismo tonto que no lo acepta o no comprende nada.

Diego @ June 24, 2011

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