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Siglo XXI: Pirata Robin Hood

.Política, autor: Diego Comments (0)

Hace unos días me desayuné por email diciéndole a un amigo que la piratería era la actual forma de redistribución social para una clase media que había ido viendo su caída en el poder adquisitivo poco a poco a lo largo de las últimas décadas. Lo hice entre lagañas y ese primer café del día que aún nos encuentra a medio despertar. Era evidente: Para mí ésta era política de hecho, sin intermediarios, sin negociaciones y que justamente por eso yo estaba pensando en darle mi voto en las próximas elecciones al Piratenpartei Berlin (Partido Pirata de Berlín). Todo esto, sin olvidar que la política de partidos es lo que es, una serie de equipos que compiten dentro de una liga con ciertas reglas predeterminadas.

Cabe recalcar que la noche anterior, mientras paseaba a mi perro en horas nocturnas avanzadas, fui sorprendido por un serie de carteles propagandísticos de este partido que lograron, de alguna forma, cautivarme. Era, por lejos, la mejor campaña para las venideras elecciones berlinesas: La más recurrente – combinaba ironía sin sarcasmo con un mensaje no por ello menos serio ni creíble -, la que más mensajes concretos o tangibles transmitía y la más barata, ya que, según averigüé luego, el Piratenpartei había prescindido de contratar una costosa agencia publicitaria, habiendo entonces preparado la campaña por sus propios medios.

Rara vez escribo sobre política, menos aún lo hago por email a mis amigos. Aborrezco esos mensajes en cadena, grupales, dirigidos a nadie. (Realmente he llegado a detestar a las personas que abusan de este recurso). Algo, sin embargo, me impulso a hacerlo. Fue así como recibí alguna que otra gratificante respuesta, invitándome a debatir, lo cual me llevó a realizar un ejercicio de, por así llamarlo, repolitización: Me informé mejor sobre las próximas elecciones y sobre el partido que me había generado simpatía. Fue así que me sentí tan identificado con la idea de sociedad que transmiten las bases programáticas y el programa electoral del mismo que decidí que les entregaría mi voto. Si bien es cierto que, desde un punto de vista estratégico, las chances de que alcancen el 5% necesario para acceder al acordonado sistema partidario con representación parlamentaria son muy remotas, por algún motivo quise opinar con sinceridad y listo. Hace unas dos o tres elecciones que ya ni iba a votar, ahora sí quería volver a hacerlo.

Desde que cedió el Muro de Berlín que se viene hablando de la crisis de legitimidad de los sistemas políticos. Es común escuchar que uno no se toma en serio a los políticos o que es todo una farsa, un negocio. Así y todo alguien – muchos – los siguen votando. En mi opinión, recién ahora, diez años luego de ingresados al Siglo XXI es que vislumbro un primera propuesta que podría reasignarle relevancia o interés a la política partidaria, haciéndola más directa, más participativa, más real-virtual y mas cercana a la gente, basándose en una sociedad internetizada, hedonista, más individualista y definida por el consumo – pero no por ello menos inteligente ni menos politizada ni menos culta, porque el mundo cambió y todos estos conceptos también lo hicieron.

Para mí es evidente que no queda otra opción que pensarse a sí mismo desde lo que somos y donde estamos hoy en día, 2011. Y los políticos de casi todos los colores se han quedado enfrascados en sus libros de fantasías favoritos: Tratados económicos de libremercado, bases sindicales del Siglo XX, mundos ideales bio y pacifistas del ’68 – tan aburridos – , neonazismo estilo Naranja Mecánica, la Familia Ingals versión teutona o tal vez en el conservadurismo superestructural con el tinte más grisáceo de lo que era el lado berlinés del Alexanderplatz.

En fin, considero que el tema se presta para debatir bastante. Por eso deseo evitar de seguir extendiendome en un neo-monólogo de un blog. Mi esperanza es que pase lo que pase, el impulso del Piratenpartei lleve a contaminar a la política y a los demás partidos de tal manera que absorban sus contenidos, formas y estilo. Aún no me he pasado oficialmente de un partido a otro – porque sí, estoy afiliado a un partido aún -, pero lo empiezo a considerar porque no me gusta aburrirme como a la mayoría de mi generación hedonista: Queremos y pensamos de todo, pero, sobre todo, tiene que ser divertido hacerlo.

Diego @ August 30, 2011

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