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Gustavo Cordera fugaz

.Conciertos, .música, Bersuit Vergarabat, Gustavo Cordera, autor: Diego, genial Comments (0)

Cuando entré a la sala el concierto ya había empezado. Ví al pelado Cordera rejuvenecido, en medio del escenario. Estaba completamente pelado: sin cabello en la cabeza, sin barba. Creí también que se había depilado las cejas y pestañas, pero no, no había llegado a tanto. Con 50 años parecía de 40. Estaba flaco y rodeado de músicos jóvenes, una tropa mixta sobre el escenario, con dos chicas coristas – una de ellas también tecladista – unos chicos muy al estilo de lo que en España llaman “perro-flauta”: hiposos, pelo cortito delante, mechas rasta por detrás, rostros sonrientes porque sí, ropas desparejas, casi sucias, algo rotas y estiradas. El ambiente era familiar, poca gente, y sin embargo un áura de felicidad se había expandido entre el público y los músicos. Muy buena vibra.

Hace tiempo que durante un concierto deseaba tan ferreamente que no se acabase. Ayer me pasó eso. Así y todo, con el único bis que hizo – ¿o hicieron? (no se si identificar al proyecto en singular con Cordera solito o en plurar con toda la banda junta) -, quedé satisfecho como luego de un buen orgasmo. Hubo que aceptar que eramos muy pocos, y que el concierto había salido de improviso quizás, porque todos nos enteramos ese mismo día que Gustavo Cordera, ex-lider y voz de Bersuit Vergarabat, emblemática banda argentina de los últimos 20 años, tocaba en Berlín. Y ahí estaba luego de haber llenado estadios, con sus niños, y unas apenas 60 personas en el público, todos – él y nosotros – auténticamente feliz.

Cuando ví entre el público a mi amigo pintor, supe que no podía haber faltado. Con él compartimos muchas cosas en la vida, pero una de ellas, había sido nuestra admiración por Bersuit y las letras del pelado. Poco a poco fui descubriendo en el público a conocidos de todas mis épocas de Berlín. El concierto era como un rompecabezas cronológico en el que iban apareciendo todas las piezas que buscaba.

- Lo que hizo el pelado me hace pensar mucho en vos -, le dije al pintor, – porque se bajó en el momento máximo del éxito, vos tenés esa actitud, quizás sin éxito, pero la actitud de vida la tenés, le estás todo el tiempo escapando al facilismo.

Se rió.

- Así y todo – retomé el monólogo – me gusta pensar que uno puede aprender a aceptar – aceptarte, aceptarlo, aceptar esta actitud -, o no, tampoco veo porque uno debe tolerarte, tolerarlos, y decir qué bueno lo que hacen. ¿No?

Cambió el tema musical y el concierto agarró más fuerza. Las canciones de Gustavo Cordera como solista sonaron muy, muy bien. Fue uno de esos conciertos que muy pocas veces se viven en Berlín, esos que permiten disfrutar la música a pleno, en los que la sala suena bien y se puede apreciar cada instrumento, cada detalle, cada arreglo.

Un tema de Bersuit reversionado hizo saltar a cada uno de los presentes hasta tocar el techo. Luego el pelado explicó que todo bien con su primer amor, pero que ahora estaba en otra, que nos pedía que lo entendiésemos sin preguntar demasiado (esto último lo agrego yo).

El cierre con un bis de Gustavo Cordera cantando entre el público, invitando a cantar con él a la gente, y miles – bueno: 10 a 20 de los presentes – de personas con sus camaritas inmortalizándose junto al ídolo para el Facebook, y una participación desentonada de mi otro gran amigo, el DJ más oscuro y luminoso a la vez que conozco, fueron el broche de oro. Palo y a la bolsa, terminó el tema, se prendieron las luces reflectoras y nos invitaron a salir. Pareció más un sueño que otra cosa.

Diego @ June 23, 2012

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