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Bueno, haaace muuuuucho….

.cocina, .fantasmas del pasado, .literatura, .sociedad, Attila Hildmann, Isa Chandra Moskowitz, Josita Hartanto, Juan Villoro, Terry Hope Romero, autor: Dirk, autora: Carmen, vegano Comments (0)

Hace mucho que no escribo nada. La verdad que en algún momento estaba a punto de dejar el blog por completo. Pero siempre pensaba vendrá el día en el que me de ganas de escribir algo.

En el medio pasaron muchas cosas. Estuvimos 3 semanas en México. Visitamos a mi amigo argentino Sandro que vive en Cancún donde tiene una agencia de viajes y a mi hijastro Julián que estudió 1 semestre en Guadalajara. ¡Estuvo di-vi-no! En Guadalajara (segunda ciudad más grande de México) nos dimos a full la parte “cultural contemporanea” con Tequila Express, Mariachis, lucha libre… Julián me regaló un molcajete, o sea un mortero tradicional de la cocina antigua mexicana. Lo hacen de basalto y hay solamente unos pocos lugares donde los fabrican y uno de ellos está cerca de la capital de Jalisco (o sea GDL): Tlajomulco de Zuñiga. Allí hay minas (no las mujeres) de donde sacan las rocas y allí mismo los artesanos los convierten en molcajete con su tejolote (o sea “mano” del mortero). Y la co-mi-da… No por nada la comida mexicana es patrimonio cultural de la humanidad. Ahora en casa – obviamente – cocino un montón de platos mexicanos y muchas veces con ayuda del molcajete. Obvio – no pero de verdad – los moles (o sea: las salsas) hechas en el “mol”cajete salen múchismas veces más ricas que hechos en licuadora. Ah y en Guadelajara me compré un libro bárbaro también: “El Testigo” de Juan Villoro. Muy recomendable.

Bueno y desde la casa de mi amigo en Cancún recorrimos un poco la peninsula de Yucatán. Estuvimos en Mérida, en Dzibilchaltún, en Progreso, en Chichén Itzá y en Tulúm. El mar caribe increible de maravilloso. Nunca más podremos ir a algún mar sin compararlo, la arena polvorosa de la playa al lado del agua turqueza transparente y tibio. Di-vi-no. Los lugares maya también. Para mi – casi – el highlight del viaje fue nadar y bucear en el cenote sagrado (Xlacah) de Dzibilchaltún.  Y lo de ver a mi amigo después de 15 años estuvo muy lindo también.

Bueno, ¿qué más? Al final me compré una longboard. Una “mini” pero longboard al fin. Y está bárbara. De una marca berlinesa (que me gustó también el factor lugareño) que se llama JES Products. Y la verdad se anda como en una grande casi. Así que a veces voy en ella al laburo o al parque o a comprar pancitos los domingos en la mañana. Es super divertido. Tanto acerca de mi “crisis midlife“, jajaja.

Y lo más nuevo – y de lo que se van a tratar los próximos posts también – es que andamos en una onda – digamos – medio… “consciente” en cuestión a comida. O sea fue así:

Estuvimos desayunando un sabado hace 2 meses más o menos y le conté a mi mujer que había leído de un tipo que aquí en Alemania se hizo super conocido por los libros “de cocina” y de estilo de vida que escribe – Attila Hildmann. Él se hizo vegano después de que murió su viejo a causa de un paro cardíaco (se supone que su nivel de colisterina tuvo algo que ver) y entonces se volvió deportivo, adelgazó y escribe ahora libros con recetas y consejos para los demás. El representa un tipo de veganismo que ahora está muy de moda aquí, que no son tan dogmáticos, ni corresponden tanto al cliché del vegano amargado con rasta, medio desnutrido y radical que todo el tiempo te acusa por “explotar a los pobres animales”. Y él propone en sus libros un tipo de desafío personal que él llama “challenge”: 30 días de vivir de manera vegana (o sea: sin carne, ni lácteos, nie huevos, ni pescado y derivados) pero además sin alcohol, azúcar, harina blanca y café.

Bueno – yo ni pensé en ese momento en hacer el challenge. Yo solamente se lo conté a mi amor porque me llamaba la atención lo del café. Y le pregunté eso:”¿Cómo puede ser que el mito del café malo se mantenga todavía dentro de las cabezas de la gente que propone vida sana?” Y entonces ella me dice:”¿No te parece que hagamos eso, tratar de vivir 4 semanas así? ¡Pero – obviamente – con café!” Así nació la idea.

Y en esa onda andamos últimamente. Yo fuí vegetariano desde los 17 hasta los 24. Pero – ojo – me gusta comer carne. Aún así últimamente siempre tenía un discurso acerca de que no comíamos tanta carne en casa. No comemos comida precocinada. Cocinamos todos los días, muy rico y también sano. Pero mucho más veces con carne de lo que yo estaba consciente. Y entonces nos gustó la idea de fijarnos un poco más.

No somos de los que pensamos que matar a un animal sea asesinato. Pero sí opinamos que gran parte de la producción carnivora sea una crueldad, maltratar a los animales, dejarlos sin espacio, sin aire, sin luz, comiendose entre ellos, metiendoles mucha penicilina para que sobrevivan y además consumiendo un montón de agua y plantas (y encima nisiquiera plantas, muchas veces es pienso hecho de cadáveres de otros animales como aprendimos de la crisis de las vacas locas) que podrían satisfacer a un montón de personas humanas. Del clima ni hablar.

Y lo del alcohol un poco parecido: tomamos mucho más alcohol de lo que se supone que sea sano. Si es que se puede suponer eso… Pero entonces mi mujer tuvo un cálculo renal. Ahora tiene que tomar más líquido y menos alcohol. Así que como ya estabamos en esa onda nos convencionó más. No sabemos a dónde va eso.

No nos proponemos seguir después, pero quién sabe…

Nos mandaron 2 libros de cocina de la editorial Neun Zehn que les agradecemos mucho y que vamos a usar: “Veganomicon” de las autoras yanquis Isa Chandra Moskowitz y Terry Hope Romero y “Vegan Genial” de la cocinera alemana Josita Hartanto.

Dirk @ July 11, 2015

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